Un taller de arte es un punto de encuentro de mundos distintos, mundos singulares que están en construcción. Cada artista llega al taller con su equipaje de deseos, experiencias, formas de hacer y de mirar, su recorrido personal. Trae sus propios materiales con los que va amasando su historia.
Hay búsquedas que parten de cuestiones formales, del juego con los materiales o de la investigación de una técnica. Otras, de una imagen mental o de la evocación de algo que intenta materializarse. O de una sensación o de una idea que quiere hacerse cuerpo tangible. O de un diálogo desde los materiales con un artista que admiramos, nos conmueve y nos guía. Cada proceso es único. En el taller atendemos a sus particularidades para que cada unx pueda cultivar su imaginario, crear sus herramientas y hacerlo crecer.
Esa diversidad tiene mucha potencia. En los encuentros cotidianos somos testigos de las búsquedas de lxs otrxs, intercambiamos miradas, compartimos la lectura de las obras. Así se crea una intimidad en la que se va tejiendo una trama que nos estimula, nos cobija y nos sostiene. En el taller se organiza un ecosistema donde esas fuerzas vitales se encuentran y se alimentan mutuamente.
Buscamos que el taller sea un lugar de resistencia a las lógicas de la aceleración y el hiper rendimiento que se nos imponen en estos tiempos. Contra las lógicas productivistas que exigen resultados inmediatos, cultivamos el respeto a los tiempos de las cosas. Hacemos foco en los procesos. Queremos disfrutar las búsquedas.
Hoy compartimos los frutos de este año de trabajo. Lo que se ve es una pequeña selección de las obras de estos artistas. La materia visible que emerge de un gran fondo que fuimos cultivando semana a semana durante todo el año.






